Page 33 - Libro Autonomia Universitaria
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Roberto Pérez Caballero - Jorge Mejía Turizo  - Aura Milena Pautt López





            Con respecto a este movimiento el reconocido José Martí  también tuvo la oportunidad
          de conocer de cerca el movimiento rebelde revolucionario de estudiante y en ese entonces
          señalo que ““No ha querido el Estado herir este movimiento vehemente y generoso; bien ha
          hecho en no provocar su debilidad, como ha hecho bien en esperar su templanza para facilitar                   CAPITULO 2
          un avenimiento… En vez de combatirla imprudentemente, el gobierno ha protegido esta
          exaltación de la dignidad”

            Con relación a este episodio también es relevante rescatar las palabras de Justo Sierra en
          Febrero 1881, quien de alguna manera realiza una crítica contundente al intervencionismo
          estatal en los asuntos de la vida interna universitaria. Sierra (Citado por Bautista, 2008) expresa
          que “Hasta ahora, el Estado, ha ejercitado la patria potestad sobre la instrucción superior; su
          poder llega al extremo de imponer textos contrariando la opinión de los profesores (alusión a
          la polémica sobre el texto de lógica en la Preparatoria); la evolución consiste en dar un primer
          paso... En efecto, al mismo tiempo que se consigue la emancipación”.

            Otra gran acontecimiento que marco la historia de la autonomía universitaria en América
          Latina fue justamente el movimiento que promovieron los estudiantes de Córdoba, Argentina,
          en el declive de la segunda década del siglo XX,  fuente histórica  a la que se recurre en
          muchas ocasiones para dar luces de la génesis de la autonomía de las universidades públicas
          latinoamericanas. Lo admirable es que en el “Manifiesto de la Juventud Universitaria de Córdoba”,
          emitido el 21 de junio de 1918 por los jóvenes cordobeses para explicar su movimiento y que
          llegó a convertirse en el sostén ideológico de los movimientos autonomistas que se sucedieron
          en muchas universidades de América Latina, no se hace mención explícita de la autonomía
          universitaria, ni se caracterizan las relaciones entre la universidad y el Estado (Orlenas, 2008).
          Lo que se vio es que  además de proponer el gobierno estudiantil, el Manifiesto hace una
          severa crítica de la vida interna de la universidad, y en especial rechaza el manejo con enfoques
          vetustos y autoritarismo con que se conducía la vida académica. En realidad, esta crítica marca
          el rompimiento de la universidad del siglo XX con la universidad del siglo XIX.



            2.1.7.     CONCEPTOS Y PRINCIPIOS DE AUTONOMÍA UNIVERSITARIA


             Ahora bien, la concepción de autonomía más divulgada y habitualmente aceptada lo ofreció
          en 1953 la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL, 1954: 99), que establece lo
          siguiente:

            “La autonomía de la Universidad es el derecho de esta Corporación a dictar su propio régimen
          interno y a regular exclusivamente sobre él; es el poder de la Universidad de organizarse y de
          administrarse a sí misma. Dicha autonomía es consustancial a su propia existencia y no a una
          merced que le sea otorgada –y debe ser asegurada– como una de las garantías constitucionales.”


            Birnbaum (1992)  expresa respecto de la autonomía de los entes de educación superior que
          “cada institución tiene su propia idiosincrasia y por ende su propia forma de  gobierno, que
          configura estilos individuales de liderazgo, mezclas de personalidad y culturas organizacionales”.




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