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Autonomía Universitaria y Designación de Rectores en Universidades Públicas de Colombia




      CAPITULO 2     contexto de una sociedad con libre movilidad y determinación, al parecer ha logrado extrapolar
                     dicha autonomía a sus universidades desde los inicios, aparentemente sin la necesidad de que
                     el congreso de la república deba crear una ley que reglamente de forma precisa los elementos
                     que se desprenden de la autonomía universitaria.(Ruiz, 2000).


                        En América Latina, así como se dio en Europa, los inicios de la Universidades en modo
                     alguno estuvieron caracterizados por principios autonómicos y de independencia, así pues, si
                     las universidades no tuvieron un comienzo autónomo, mal podrían gozar de una verdadera
                     autonomía. De ahí que se discuta al decir de Ruiz (2000) cómo dicha autonomía ha estado
                     permanentemente amenazada desde un comienzo: por la iglesia (el poder moral), luego por
                     el estado (el poder político, incluyendo no solo los sistemas abiertamente autoritarios, sino
                     los supuestamente democráticos) o por ambos y, en la actualidad por el mercado (el poder
                     económico).


                        En la historia colombiana, recién fundada  la Universidad Nacional de los Estados Unidos de
                     Colombia, en el periodo federalista, las cámaras legislativas de ese entonces  impusieron  ciertos
                     textos que mostraban la manera de entender el papel de la educación por las tales cámaras;
                     este acontecimiento acaeció en 1870, cuando la universidad solo terminaba de ser fundada en
                     septiembre de 1867; le tocó para aquella época a las directivas académicas superiores el debate
                     y la defensa de la autonomía académica. En un par de años después hubo nuevas arremetidas
                     de los organismos legislativos contra la autonomía subordinando la universidad al manejo
                     por el poder ejecutivo o de sus delegados y fue necesario nuevamente un gran debate para
                     conservarla por lo menos parcialmente. Poco después la universidad queda en medio de la
                     controversia sobre el carácter laico de la educación pública que conduce a una polarización entre
                     lo confesional y lo laico. Posterior a la denominada Guerra de las Escuelas, reinicia actividades la
                     universidad nacional en 1878 pero nuevamente los derroteros de la Regeneración postergan el
                     anhelo de la autonomía hasta la reforma de 1935. Más recientemente, la reforma constitucional
                     de 1968 enmarcada dentro de los planes de “modernización del estado” con el fin de darle mayor
                     poder al ejecutivo sobre sus organismos, vuelve a las universidades estatales establecimientos
                     públicos dependientes del ejecutivo. (Ruiz, 2000).

                        Gran cantidad de intelectuales de la época  advirtieron que la decisión estudiantil no se
                     limitaba a la organización romántica de cursos temporales al aire libre, sino que encerraba una
                     revolución ideológica tendente a separar la enseñanza superior y en general el ejercicio de la
                     inteligencia de la órbita del poder público. Juan N. Mirafuentes, viejo liberal, resumió así los
                     propósitos del movimiento estudiantil: “no más reglamentos restrictivos; no más catedráticos
                     de orden suprema; no más monopolio de las profesiones; no más privilegios que sofoquen el
                     genio, y pongan el talento y la instrucción bajo el dominio de los dependientes del gobierno,
                     en gran número habilitados de sabios por el favoritismo del poder; no más grangería de la
                     instrucción pública; libertad para la enseñanza, honor y respeto para la inteligencia, soberanía
                     para la razón”(Citado por Bautista, 2008).


                        Ramón Valle (Citado por Bautista, 2008) decía en la Revista Universal: “Se trata de suprimir los
                     fueros de las tinieblas; se trata de desamortizar la luz; se trata de independer la enseñanza del
                     Estado; se trata, en fin, de una consecuencia rigurosamente lógica de nuestras creencias.


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